Beijing cede a presión pública y establece área de cuarentena para personas con mascotas

¿Qué sucede cuando el gobierno local ordena a los residentes ser aislados en lugares de cuarentena, pero no considera qué hacer con sus mascotas?

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Imagen de Tencent News

Las autoridades del distrito Daxing de Beijing han tenido que lidiar con súplicas desgarradoras y críticas implacables. Todo ello ocurrió a fines de enero cuando se impuso un bloqueo parcial en la capital china, luego que fueran reportados un puñado de nuevos casos de COVID-19 transmitidos localmente.

Las autoridades locales prohibieron salir de la ciudad a los 1,6 millones de residentes de Daxing, mientras que a las personas que vivían en cinco vecindarios del mismo distrito en que se detectaron los casos de coronavirus recibieron la orden de permanecer al interior de sus casas. En los días siguientes, mientras aumentaban el numero de nuevas infecciones, el barrio de Tiangongyuan mandató a sus habitantes a que se trasladaran a lugares de cuarentena centralizados. Sin embargo, rápidamente aparecieron quejas en redes sociales de personas a las que se les había dicho que dejaran a sus mascotas abandonadas en sus domicilios.

“Los funcionarios de mi comunidad me pidieron que fuera a un centro de cuarentena, pero no puedo llevar conmigo a mi perro”, escribió (en chino) en Weibo uno de los residentes afectados. “Después de mi aislamiento de 21 días, si se la deja atrás mi mascota está destinada a morir. Estoy dispuesto a pagar tanto como sea necesario para poner en cuarentena a mi mascota”.

La desesperada súplica generó indignación entre activistas de animales y otros ciudadanos. Miles de usuarios de Weibo compartieron la publicación, pidiendo una mayor atención al problema.

Sin embargo, en un giro de los acontecimientos, Beijing respondió a las intensas críticas el 24 de enero, señalando que teniendo en cuenta las “necesidades básicas” de las mascotas, cada hogar en Tiangongyuan podría permitir que un miembro de la familia se quedara en casa, siempre y cuando todos los requisitos de prevención ante la pandemia fueran estrictamente implementados.

Si bien la medida parecía razonable a primera vista, muchos dueños de mascotas en el área continuaron presionando para una reversión total de la política original, suplicando a los funcionarios que les permitieran poner en cuarentena a las mascotas en ubicaciones centralizadas y ofrecer un cuidado adecuado para los animales. Algunos de ellos expresaron su preocupación por la falta de alimentos para mascotas en sus hogares, y dijeron que debido a que los alimentos para animales no estaban incluidos en las entregas organizadas por el gobierno -su única fuente de suministros mientras estaban aislados en el hogar- sus mascotas sufrirían muy pronto de hambre.

“Me quedé sin comida para gatos y mis dos gatos se están volviendo locos. No tengo idea de cuánto tiempo podrán sobrevivir sin comida. Me devastará absolutamente si finalmente mueren de hambre”, escribió (en chino) el dueño de un gato en Weibo.

En última instancia, las persistentes súplicas llevaron al gobierno a responder positivamente a los dueños de mascotas: Beijing anunció el 25 de enero (en chino) que había creado un lugar de cuarentena especial en el distrito de Daxing, donde los dueños de mascotas podrían llevar a sus animales para un aislamiento centralizado, con veterinarios disponibles para cuidar la salud de los animales. Al 26 de enero, más de 1.300 dueños de mascotas en Tiangongyuan habían sido enviados, con sus mascotas, a las instalaciones preparadas para la ocasión.

Esta no es la primera crisis de mascotas de COVID-19 en China. Hace aproximadamente un año, cuando Wuhan entró en cuarentena debido al primer brote de coronavirus, miles de dueños de mascotas que viajaban fuera de la ciudad no pudieron regresar a casa debido a las estrictas restricciones de viaje. Preocupados por sus mascotas, muchos de ellos suplicaron a sus amigos e incluso a extraños en la ciudad aislada que irrumpieran en sus hogares para alimentar y cuidar a sus animales.

Más tarde, los temores de que los animales transmitieran la enfermedad provocaron un aumento en el abandono de mascotas en el país, donde los refugios para animales estaban “completamente abrumados” y las mascotas callejeras eran detenidas de forma rutinaria, según la revista TIME.